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Willow Mallard

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Willow Mallard

Mensaje por Willow Mallard el Miér Sep 08, 2010 2:57 am

WILLOW MALLARD


NOMBRE: Willow
APELLIDO: Mallard
EDAD APARENE: 20 años
DON: Lectura de Auras: puede ver El Aura, y a través de ella puede percibir las emociones de las personas y absorberlas mediante el contacto físico.
Rango: Ángel Ciudadano
Profesión: Camarera en Sweets




Complexión: . Delgada, no demasiado alta. A veces puede lucir algo débil, aunque solo de apariencia. Es de caminar sereno y sus movimientos son delicados y femeninos. Su cuerpo tiene las curvas que tendría una típica mujer de veinte años, aunque nada exageradas. Willow agradece que su porte y apariencia sutil la hagan sentirse más común de lo que en realidad es
Pelo: Largo, generalmente ondulado. Posee un color castaño oscuro y es lo que más le gusta de su aspecto. Suele llevarlo suelto, aunque a veces lo ata en una cola de caballo, especialmente cuando se encuentra en horario de trabajo.
Piel: Su tez es clara y rozagante. No es fanática de los maquillajes, por lo tanto su piel siempre está limpia a excepción de algo de gloss en sus labios
Ojos: Marrones. Sumamente expresivos. Es que Willow no puede esconder lo que verdaderamente siente, pues siempre lo lleva reflejado en el rostro.
Vestimenta: Le gusta la ropa femenina y de colores pasteles, aunque cuando se encuentra alegre suele utilizar colores chillones y festivos. Sus prendas favoritas son los vestidos, y disfruta de usarlos. No utiliza ninguna vestimenta extravagante, sino que se deleita de las cosas simples, pero bellas.
Enfermedades, alergias:
¿No es irónico que un ángel sea alérgico a las amapolas? Pero a Willow le gusta, porque la hace sentir más cercana a los humanos. También hay que admitir que algunos perfumes le producen cosquillas en la nariz y terminan por hacerla estornudar.




Personalidad: Willow es una chica tranquila a quien le gusta disfrutar de los placeres de la vida en cámara lenta. En realidad, de esta nueva vida que eligió vivir. Cree en la paz y en el amor, por lo que a veces suele parecer algo ingenua. Lo es, aunque aún no ha podido comprobar hasta qué punto. Willow es fiel a quien la creó y cree firmemente en la bondad innata de los ángeles, pues piensa que se trata de seres que, como ella, eligieron venir a la tierra para enseñar el camino de la paz. Sumamente caritativa, Willow prefiere traer felicidad a las personas desde los pequeños gestos. Un ejemplo de esto es que nunca deja de sonreír. “Si el cielo te da limones, haz limonada”, ese es su dicho desde la primera vez que lo escuchó, y lo adoptó no queriendo contradecir a la persona que lo empleó, a pesar de estar segura que en el cielo no hay limoneros. Creo que los humanos son seres maravillosos, y por eso los adora con locura. Vive los nuevos sucesos desde su propio mundo. Ella no desea guerra, ni con los humanos ni con los demonios, así que intentará distribuir su dosis de amor y paz desde el pequeño papel que decidió interpretar: el de una humana más. Graciosa y divertida, le fascina hacer amigos, aunque muchas veces queda algo fuera de lugar demostrándose tan abierta y despojada de total timidez. Quizás es demasiado directa, pero desde una ingenuidad característica de aquellos que no conocen la existencia de las frases inadecuadas o del doble sentido.
Gustos: Le gustan las conversaciones largas, las sonrisas de extraños, los amaneceres despejados y los atardeceres rosados. Disfruta de la lluvia, aunque no entiende a las personas que utilizan paraguas. Cree que el té de sabores es un gran descubrimiento– especialmente el de fresa- , pero nada se compara con el sabor del chocolate. Las estrellas son hermosas vista desde la tierra. Central Park es hermoso en primavera, hasta que llega el invierno y lo tiñe de blanco y entonces, mejora. Los libros son una adicción, y por eso gasta su sueldo especialmente en ellos. Lo animales y los niños son pequeños rayos de sol caminando entre tanta oscuridad. Soñadora, piensa que algún día los humanos podrán apreciar todo esto y mucho más.
Manías: Aprender cada día un poco más de la humanidad y así poder poner su granito de arena para poder ayudar a las personas a ir por el buen camino.
Odios: ¿Odio? ¿Odiar? Esas palabras no entran en el vocabulario de Willow. Sabe que está mal, que no se debe hacerlo. Y si alguna persona o ser actúa de mala forma, es porque necesita ayuda, pues se encuentra perdido en el camino incorrecto.
Obsesiones: Los libros y las flores. Los primero los colecciona en las viejas bibliotecas de su casa. A las segundas, disfruta de verlas en su ambiente natural, especialmente en tardes de sol en Central Park.
Habilidades: Si bien Willow posee habilidades especiales como ángel que es, prefiere fijarse en otro tipo de destrezas que generalmente las personas ignoran. Es buena conversadora, sumamente paciente y, renunciando a todo egolatría, es una buena cocinera – o al menos es buena aprendiz-.





Hace millones de años, Willow existió porque alguien así lo quiso. Su padre le dio forma, valores y esperanza. Le dio vida y le permitió ser libre, como a todos sus hermanos. A pesar de nunca haber visto a Dios, Willow confía fielmente en él. Sabe que está ahí y que todo lo que ocurre en el mundo, bueno o malo, es por una razón en particular, razón de la que Dios se hará cargo en el momento justo y necesario.

A pesar de ser un ángel fiel, no puedo evitar cierta curiosidad por sus medios-hermanos, aquellos otros hijos de Dios que vivían alejados de ella: los humanos. Si bien no podía acercárseles, desde la lejanía comenzó a observarlo. Los estudiaba no admirándolos como seres especiales, sino como obras hechas por Dios, su padre. Poco a poco, un deseo comenzó a gestarse dentro de su corazón: el de ayudarlos. Sabía que en la tierra, las cosas no estaban bien. El egoísmo, el consumismo, la pronta individualidad de las personas, entre otras cosas, estaban alejando a los humanos del camino del bien, y por lo tanto, de Dios. La fe comenzaba a escasear, y ella deseaba poder ayudar a solucionarlo. Sin embargo, sabía que no podía alejarse del que era su lugar, pues su misión – aunque aún no sabía cuál era, pero era lo suficientemente paciente para saber esperar por ella- estaba en el cielo.

Luego, las cosas empeoraron. Guerra era una mala palabra, nada bueno. La maldad estaba tocando su punto límite en la tierra y todos parecían estar demasiado perdidos como para encontrar solos el regreso al camino del bien. Entonces, hubo una orden. Un séquito de ángeles debía de dirigirse a la tierra. ¿Quizás esa era su misión? No lo sabía con exactitud, pero ella quería ayudar. Sabía que había ángeles especiales, guerreros los llamaban, pero ella no servía para ello. Tampoco sabía con exactitud cuál era la misión de aquellos hombres, pero sabía que ella no era como ellos.

Una vez en la tierra, aturdida por la emoción que ello acreditaba, decidió que lo mejor era mezclarse entre los humanos. Aprender a ser una de ellos. Su misión estaba en eso, estaba segura. Tenía que ayudarlos, pero siendo un ejemplo. Educándose en la humanidad, podría retornarlos al camino del bien, y ese sería su pequeño aporte a todo lo malo que estaba ocurriendo. Quizás no pudiese ocuparse de muchas personas, pero intentaría ayudar a todo aquel que lo necesitase. Distribuiría pequeños gestos por doquier ya sea desde una sonrisa o una mano a quien lo necesitase, como parte de su tiempo o cualquier otro tipo de asistencia que las personas, o cualquier otro ser, requiriese.

Lo primero que debió de hacer en aquella nueva vida que estaba comenzando era intentar comportarse lo más humanamente posible. El primer paso era conseguir un apellido para dejar de ser simplemente Willow. Escogió Mallard luego de una visita a un museo, pues así es el nombre de una raza de patos. Cuando comenzó a tomar unas clases del manejo de aquellos aparatos especiales que los humanos manejan ( más tarde aprendió que se llamaban computadoras), pudo comprobar que era un apellido común y que había incluso lugares de Estados Unidos que mantenían aquel apelativo. En segundo lugar, decidió intentar conseguir una de aquellas cosas que los humanos llamaban trabajo. Sabía que no debían de ser tan malos, a pesar que siempre escuchaba a muchas personas quejarse de ellos. Tuvo suerte al conseguir un trabajo como camarera, empleo que le permitía estar en contacto directo con las personas y, al mismo tiempo, aprender cada día un poco más de ellas. Esa era su misión, lo sabía. Tenía que ser un buen ángel y cumplirla.

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Willow Mallard
Ángel, Ciudadano
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